El último día martes, conversando de mi vida con Claudia recordé algo que había pensado en el verano y escrito en algún papel ahora ausente de mi vista. Producto de intuiciones, pensamientos gráficos y su posterior trascripción racional, llegué a la “conclusión” de que el sentido del humor es tal vez la mejor, o si se es extremo (como algunas teorías), la única y más auténtica forma de comunicación humana.
Puede sonar muy volado, si se quiere creativo o tan sólo chiflado. Es complicado transmitir experiencias subjetivas de modo que puedan ser aprehendidas por quien las lee, por el mismo hecho de ser escritas y leídas, y por ser personales. Quizás mi natural esmero por llegar a través de mi subjetividad a teorías generales sobre la realidad “objetiva”, o por lo menos compartida hasta cierto punto, sea un intento por pegarle a la pelota con una raqueta sin cuerdas.
Cada experiencia de la realidad es distinta, cada uno cuenta con su propia realidad, sería paja mental entrar a definir qué factores determinan las diferencias entre las realidades de cada cual. A pesar de lo anterior, me quedaré con sólo uno de esos factores, que creo es el fundamental: el tiempo. Cada persona, vale decir, cada conciencia vive en un tiempo particular. Quedará en el misterio si nuestros inconscientes fluyen todos juntos en el mismo tiempo (o no tiempo) habiendo ahí un terreno de realidad más común, el que también puede ser compartido con otras criaturas no concientes.
Yendo al grano, la relación clave que sirve para sostener mi tesis es la existente entre sentido del humor y el tiempo. Si nos basamos en que lo divertido se crea a partir del quiebre de la lógica, podemos llegar pensar que hay cierto tiempo lógico a quebrar. Este tiempo lógico es el que sostiene y es fundado por el lenguaje, por decirlo de una manera simple, por los significados mentales lingüísticos. Entre las características de este tiempo lógico-lingüístico puedo mencionar su especial rapidez, su relativa variabilidad de una persona a otra o de un momento de una persona a un momento de otra persona a otra y, no obstante, en las relaciones interpersonales normales, su aceptable cualidad de común.
Lo aceptable de la comunidad de esa lógica temporal y lingüística común es lo que nos permitiría comunicarnos. Gracias a eso podemos vivir en sociedad, comunicarnos adaptativamente, etc. Sin embargo, concuerdo con el cliché intelectual de que somos sistemas cerrados, con una imposibilidad de comunicarnos realmente, en el sentido de que siempre habrá una parte de cada uno de nosotros que es personal e incomunicable, una soledad esencial si se quiere.
En ese punto creo que el sentido del humor logra algo para mí casi mágico. A través de él podemos romper un poco la lógica temporal particular de cada cual y ser partes de un misma realidad, tan incomprensible como chistosa. En este sentido, el humor sería el puente entre el tiempo acelerado y personal de cada uno y el no tiempo (ese inefable), que creo es la realidad subyacente a cada realidad personal. En esta última hay una ausencia de límites, una desaparición de personalidades y yo particulares. Es ese plano en el cual estamos todos en un todo, humanos y naturaleza, todo lo existente e inexistente.
Sin digresiones, el sentido del humor sería el vínculo entre los diferentes planos que podemos “experienciar” (como dicen los psicólogos, expertos en inventar palabras), entre el plano particular de cada uno y el plano total, por llamarlo de alguna forma. Entonces, mediante lo chistoso asistiríamos junto al que se ríe con nosotros a la efímera desaparición de los límites con él. Habría un misterioso, mejor y auténtico “intercambio” de realidades dentro de una misma realidad total, una comunicación cualitativamente distinta a la que se da, por lo menos, lingüísticamente.
He esbozado unas líneas grises en la esquina de un cuadro al que le faltan muchos trazos, formas y colores. Dibujé aseveraciones no fundamentadas, hay muchas posibles relaciones aisladas en este texto y quedan muchos temas en el tintero, ya será el momento de retomar. Me excuso por no incluir referencias, en el sicsum prefiero darle curso y libertad a la intertextualidad, que cada conocimiento que haya adquirido aquí o allá aparezca en el contexto que sea útil, sin necesidad de estar mencionando ni buscando dónde lo aprendí, que aun tratando de hacerlo puede que no lo logre.
El humor y el arte eran los puentes, ahora que recuerdo.
ResponderEliminar